La directora de cine Lone Scherfig dirigió hace unos años la maravillosa película “Wilbur se quiere suicidar“, tras su exitosa “Italiano para principiantes”. Como dice el título, Wilbur no deseaba seguir viviendo, no encontraba motivos ni ilusión para continuar avanzando. No se trataba de una razón evidente, no aparentaba ningún desequilibrio extremo ni le ocurría nada a su vida cotidiana que se pudiera decir fuera un desastre. Ahí radicaba una de las principales premisas de la peli: Wilbur se quería suicidar porque si. Y punto.
Hoy he llamado a una persona muy querida para mí que vive en la peninsula y con la que hacía meses no lograba contactar. Por fin esta mañana sí me cogió el teléfono. Su voz era débil pero la notaba esforzada por demostrar un aparente buen estado de salud. Parece ser que es cierto, está mejor. Yo no sabía siquiera que hubiera estado mal y cuando consigo saber de ella resulta que es porque ya está mejor, porque sino ni me hubiera podido responder. Me ha contado que de un modo imperceptible incluso para ella fue hundiéndose en un pozo oscuro del que, para cuando quiso darse cuenta, ya estaba con el fango hasta las rodillas, atrapada… La depresión estaba allí, haciéndole sentir las peores cosas de sí misma.
“Hice algo que no debería haber hecho”
Sus palabras me han dejado helada.
“Y con ello sólo he causado dolor a mi familia. Pero ya estoy mejor, estoy mejor aunque… Estuve muy mal, esta es la verdad, por eso hice algo que no debería haber hecho”.
En ningún momento hemos comentado el qué ni el cómo pero he comprendido perfectamente que la depresión ha estado a punto de matar a alguien a quien quiero muchísimo, una persona que si por algo destacaba siempre era por su sonrisa, su buen humor, su buen rollo y su gran capacidad de amar. Y ese crimen lo iba a llevar a cabo sin utilizar otras manos ni otra voluntad que no fueran las de la propia víctima, como una especie de asesino perfecto.
No puedo pensar en otra cosa.
