Voy a confesar algo que tirará por los suelos (una vez más) mi pobre y maltrecha reputación, ganada a golpe de post por cierto. Sé que después de esto, para muchos terminaré de caer en desgracia pero allá voy: Me cuesta lo que no está escrito dejar propina. Ya está dicho.
No voy sobrada de money, más bien al contrario, y cada euro de propinilla lo dejo con un dolor que te cagas, al tiempo que pienso: “Me iría tan bien para el café de mañana ese eurito…” Todos los días como fuera de casa. Procuro comer muy económico: un sólo plato, algún día bocadillo… a pesar de ello, eso el sueldo no me lo compensa en absoluto, así que cada céntimo que consigo rascar me supone que el finde pueda salir a tomar algo con mi pareja y a comer a algún sitio, que es el único capricho que me doy. Si echo cuentas, todo euro me hace falta.
Hoy he ido a hacerme la cera (hala, otra intimidad al ciberespacio) y le he dejado propina, y ayer tomé un chocolate en un sitio que está muy bien de precio y también le dejé propinilla. Pero el sábado estuve comiendo en un restaurante en el que considero me tomaron el pelo (mucha fusión y plato enorme pero salí que me hubiera comido una tortilla de patatas de postre bien a gusto), bueno, pues no dejé propina. De castigo me dejé la tarjeta de crédito, así que hay que volver a por ella, lo que me da un corte…
De todas mis amigas y compañeras de curro, soy la única que suelo dejar propina en la pelu, lo cual me sorprendió en grande cuando me enteré. Aún así, si en alguna ocasión no lo hago salgo del sitio en cuestión a hurtadillas, como si me fuera sin pagar, ya ves tú.
Total, que cuando dejo me duele y si no dejo me avergüenza. ¿Porqué señor tengo yo estas diatribas tan tontas?

