El asesino perfecto

wilburgLa directora de cine Lone Scherfig dirigió hace unos años la maravillosa película “Wilbur se quiere suicidar“, tras su exitosa “Italiano para principiantes”. Como dice el título, Wilbur no deseaba seguir viviendo, no encontraba motivos ni ilusión para continuar avanzando. No se trataba de una razón evidente, no aparentaba ningún desequilibrio extremo ni le ocurría nada a su vida cotidiana que se pudiera decir fuera un desastre. Ahí radicaba una de las principales premisas de la peli: Wilbur se quería suicidar porque si. Y punto.

Hoy he llamado a una persona muy querida para mí que vive en la peninsula y con la que hacía meses no lograba contactar. Por fin esta mañana sí me cogió el teléfono. Su voz era débil pero la notaba esforzada por demostrar un aparente buen estado de salud. Parece ser que es cierto, está mejor. Yo no sabía siquiera que hubiera estado mal y cuando consigo saber de ella resulta que es porque ya está mejor, porque sino ni me hubiera podido responder. Me ha contado que de un modo imperceptible incluso para ella fue hundiéndose en un pozo oscuro del que, para cuando quiso darse cuenta, ya estaba con el fango hasta las rodillas, atrapada… La depresión estaba allí, haciéndole sentir las peores cosas de sí misma.

“Hice algo que no debería haber hecho”

Sus palabras me han dejado helada.

“Y con ello sólo he causado dolor a mi familia. Pero ya estoy mejor, estoy mejor aunque… Estuve muy mal, esta es la verdad,  por eso hice algo que no debería haber hecho”.

En ningún momento hemos comentado el qué ni el cómo pero he comprendido perfectamente que la depresión ha estado a punto de matar a alguien a quien quiero muchísimo, una persona que si por algo destacaba siempre era por su sonrisa, su buen humor, su buen rollo y su gran capacidad de amar. Y ese crimen lo iba a llevar a cabo sin utilizar otras manos ni otra voluntad que no fueran las de la propia víctima, como una especie de asesino perfecto.

No puedo pensar en otra cosa.

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Published in: on junio 29, 2009 at 11:26 pm  Comments (6)  
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La tripa al sol

Hace tres veranos me fui a estudiar inglés a Brighton, al sur de Inglaterra. Es una ciudad costera, bastante pija, con playa y un muelle que se utiliza de paseo con atracciones. Mi familia de acogida era bastante sencilla en esencia, él era antenista y ella empleada de hogar, con poco tiempo para arreglar la propia casa la cual contaba con numerosos montoncitos formados por los más diversos componentes: ropa, cd’s, cables, revistas… Pero había algo de lo que presumían abiertamente: su refinada educación inglesa y a mí, que me pillaron ya mayorcita, eso me tocaba mucho las narices. Ejemplo: Sentados en la mesa, una persona entre el padre y yo, el padre me pide la sal y yo se la paso. ERROR!!!! Yo tendría que haberla pasado a la persona que estaba pegada a mí para que ella se la pasara al que estaba pegado a ella, que era el solicitante. Como esa todos los días caía alguna.  Si yo no superaba la prueba el matrimonio se miraba condescendiente, se sonreían y se hacían algún comentario privado, del tipo “Tenemos que ser comprensivos con esta pobre”.

Vivo en Palma de Mallorca, una ciudad que linda con el mar, lo cual, para algunos turistas,  la convierte en un lugar de pachanga y playa así que por aquí se puede pasear de cualquier guisa, léase en bikini las chicas y sin camisa los chicos. Tú les ves y piensas: “En su país no harían eso” que es una frase muy aplicable en diversos momentos del día y la noche: Cuando se ponen beodos en la playa, cuando se ponen beodos por la noche, cuando destrozan mobiliario urbano, cuando provocan peleas… El otro día, en la terraza de un museo que hay sobre la muralla de palma con vistas a la bahía, un grupo de chicos y chicas guapas, ellos con vaqueros de marca y ellas con sandalias con tacón pero todos sin camisa. Repito: era la terraza del museo contemporáneo. Es sólo un ejemplo pero hay mil. Ayer mismo se paseaba por la ciudad un señor enseñando panzón tremendo junto a su mujer y hace una semana uno de las mismas características andaba tan tranquilo vestido únicamente con un bañador slip.

Cuando al padre de mi familia en Brighton le comenté los desvaríos de sus compatriotas en mi país su respuesta fue: “La culpa es vuestra. Tenéis una policía demasiado permisiva”.

Chúpate esa.

Published in: on junio 16, 2009 at 1:47 pm  Comments (10)  
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Eastwood y Haggis

En el festival de Cannes, Paul Haggis comentó que su película “Crash” no le gustaba mucho y que en nada se merecía todos los oscars que se llevó en su momento. Según él, “En el valle de Elah” era mucho mejor peli que la anterior y no tuvo ni la mitad de éxito.

Coincido con Haggis. “En el valle de Elah” me parece de una maestría impresionante, con un guión tejido al detalle que avanza suavemente, descubriendo sus misterios sin engañosos  golpes de efecto. Todo lo contrario que Crash, cabría decir, en la que se manipula al espectador apuntando a su parte emocional en todo momento. Una vez dicho esto me reafirmo en lo que dije nada más verla: Técnicamente, el guión de Crash es una obra de ingeniería donde cada pieza encuentra su sitio. Esto es mucho más de lo que ofrecen tantas otras películas oscarizadas aunque no sea el caso de “Brokeback Mountain”, que competía y perdió frente a Crash.

Este rollo pasado de moda lo suelto porque el sábado vi “El intercambio”, de Clint Eastwood, protagonizada por Angelina Jolie y me recordó mucho el estilo de Haggis. Ambos directores ya trabajaron juntos cuando éste último escribió el guión de “Million Dollar Baby” en el 2004, Cartas de Iwo Jima en el 2006 y Banderas de nuestros padres en el 2007,  y hubieran podido encontrarse de nuevo si Eastwood hubiera aceptado el papel protagonista de “En el valle de Elah” que finalmente fue para Tommy Lee Jones.  Sabiéndolo me doy cuenta de que este papel estaba escrito a la medida de Clint y que sólo Tommy Lee le podía sustituir, casi como un actor gemelo. Todo lo cual encaja de nuevo, como un guión perfecto de Paul Haggis.

Os cuelgo una entrevista-lección magistral suya.

Published in: on junio 9, 2009 at 2:11 pm  Comments (2)  
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Pelotas

NiñosEl sábado fuimos a la playa y se estaba superbien, sin mucho calor y el agua transparente. Estábamos comiéndonos el bocadillo y charlando tranquilos cuando unos niños se pusieron a jugar con las palas y la pelota a nuestro lado, se veía venir así que les dije que jugaran en otro sitio. Inexplicablemente terminaron pasándose la pelota por encima de nuestras cabezas y ya cuando nos cayó encima llevábamos tal mosqueo que mi pareja lanzó un improperio acordándose de la madre del niño y lanzando la pelota lejos hacia la orilla del mar.

El padre vino a por nosotros y casi nos zumba. Nos increpó y nos dijo que éramos unos maleducados (encima). No se lió porque somos gente super pacífica, algunos hasta dirían gilipollas, pero reconozco su parte de razón. La del padre me refiero. No deberíamos habernos acordado de su familia entre otras cosas porque estaba allí presente tan tranquila tomando el sol mientras nosotros agachábamos la cabeza para que sus niños no nos saltaran los pendientes de un pelotazo. El hombre no quiso reconocer en ningún momento su parte de responsabilidad.

A mí estas cosas me hacen sentir mal. Soy una persona de diálogo y pacífica pero por desgracia veo alterada mi parcela privada por gente maleducada y agresiva. Podría haberle explicado que llevo tres operaciones en los ojos además de muchos problemas que con un simple golpe pueden derivar en desprendimiento de retina. Es ver una pelota cerca y ya me has visto correr. Pero eso era dar demasiadas explicaciones a algo tan simple como que nosotros estábamos sentados tranquilamente y no molestábamos a nadie.

Y el verano acaba de empezar…

Published in: on junio 2, 2009 at 1:54 pm  Comments (6)  
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