PRN Xa ellas

ErikaLDespués de mi post anterior en el que hacía referencia a evitar, por parte de la industria misma si es posible, la violencia machista en el cine para adultos quiero dar otra opinión complementaria, que en nada desdice lo que ya opiné.

Siempre se ha dicho que a las mujeres no les gusta el porno. Si preguntas, muchas aseguran no haber visto jamás este tipo de películas. No me lo creo, y mucho menos hoy en día, en que ya no hay que pasarse por un videoclub para adquirirlas con tu nombre y tu cara. Muchas mujeres ven porno y les gusta el porno pero es una industria dirigida, casi o totalmente en exclusiva, al público masculino.

No creo que hombres y mujeres tengamos fantasías tan diferentes como para no poder “gozar” (qué palabra tan acertada en esta ocasión :)) de las mismas películas, así que no entiendo porqué se empeñan en servirse de ciertas actitudes sexuales repetitivas y aburridas que, piensan, vuelven locos a los hombres. ¿En serio creen que a todos los chicos les pone ver una felación durante cinco interminables minutos (o más)? Por lo que yo he podido averiguar, la respuesta es NO!

Luego están los que se creen esta tontería de que a las chicas les mueve más el rollito emocional en el sexo y que se deberían hacer películas que vayan más por ese tema, menos directas o explícitas. Venga ya, menudo rollo. ¿Quién quiere ver una porno para ponerse sentimental? A las mujeres les pueden atraer las escenas morbosas igual que a los hombres, que lo sepan.

Sin embargo vuelvo a repetir que los productores y directores deberían pensar más en las espectadoras de su cine,  evitando ciertos actos asquerosamente machistas o violentos.

Y por favor, olvídense del cine erótico de movimientos pausados y música ambiental. Menudo timo.

* Recomiendo el libro “Porno para mujeres”, escrito por Erika Lust y editado por Melusina.

Published in: on julio 22, 2009 at 12:47 pm  Comments (2)  
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Menos moralina y más diversión.

Estoy de exámenes y estudio de aquella manera, o sea: voy y vengo y por el camino me entretengo. Cuando llega esta época (la de exámenes) siempre me pregunto lo mismo “¿Pero qué necesidad tengo de memorizarme estos peñazos? Si lo que debería estar haciendo yo, a mis edades, es ir al gimnasio después del curro y luego a casa a leer novela.” Pero que va, sino es eso es lo otro, siempre ando con los libros a cuestas.

Total, que han sido las fiestas de Palma y he hecho lo que he podido pero me he perdido un montón de cosas. El concierto de Josele Santiago, por ejemplo. Pero para compensarme asistí a la muestra de cortos de Alex Calvo-Sotelo en la librería Literanta, (un rincón de Palma donde puedes mirar libros, comprarlos, tomarte un café o una cerveza…)  y ¡menuda sorpresa! Los cortos me parecieron buenísimos, en ese lado punk y surrealista que tan poco se deja ver en nuestro cine, tan modoso. Que están bien también eh, pero hay que ser más atrevidos. Total, los cortometrajes dificilmente pasan a ser vistos por público que está fuera de ese mundillo de cine por amor al arte. Divirtámonos entonces.

Si podéis, echadle un vistazo a sus trabajos. En youtube encontraréis cosas interesantes que no os dejo aquí porque he tenido problemas de sonido con “El atardecer del pezuñas”. A ver si lo cuelgan de nuevo.

Drugos en mi salón

Cartel de "La naranja mecánica"

Por fin he encontrado sitio a mi cartel de “A Clockwork Orange” que compré, hará unos cuatro años, en el mercado de Candem Town, en Londres. La foto está un poco borrosa pero podéis leer la anotación que le añadieron unos años después del estreno de la película en la que se hacía referencia a lo que vendría a ser un “reestreno” para “los millones de personas que no han sido autorizadas a verla hasta ahora”.

Entre los muchos carteles que se crearon para esta peli, éste es mi preferido por su simplicidad, que contrasta con la trama de violencia explícita y gratuita del film. Después de recibir multitud de amenazas personales y graves acusaciones de ser el culpable de actos violentos en las calles de Gran Bretaña, Kubrick llegó a renunciar de la que ha sido considerada una de sus obras maestras, aunque parece ser que en los últimos años de su vida fue cambiando de opinión y aceptando la posibilidad de proyectarla de nuevo.

Si algo me entusiasma del guión es la jerga, el vocabulario que el guionista y autor de la novela homónima, Anthony Burgess, inventó y a la que llamó “nadsat”, para distinguir a sus personajes del resto de la sociedad y darles así un distintivo de pandilla juvenil. En España, y sin que sirva de precedente (¡No al doblaje, respeten la interpretación de los actores!!!), hay que admirar y disfrutar el trabajo del traductor para su posterior doblaje al español, el escritor Vicente Molina Foix. Recuerdo una entrevista en la que comentaba el proceso de búsqueda de un nombre que le diera empaque español a “cabeza”. De ese modo surgió la palabra “quijotera”.

Seguramente os habréis preguntado de dónde salió el título “La naranja mecánica”, que en principio vendría a ser, en su original inglés, algo así como “Más raro que un perro verde”. Parece que todo se debió a una suerte de malos entendidos, según leo en un comentario de un post de Fílmica :

“El título de ‘La naranja Mecánica’ trae el error de base. Burgess escribió el título de la novela en “nadsat”, el vocabulario que él mismo ideó, y era ‘A Clockwork Orang’, en la que todas las palabras significan lo mismo… pero ‘Orang’ significa hombre, muchacho… es decir, ‘El Hombre Mecánico’.

El editor, al recibir la copia final para mandar a imprimir la novela creyó que se trataba de una errata… y corrigió ‘Orang’ por ‘Orange’… y de ahí el título ‘A Clockwork Orange’, ‘La Naranja Mecánica’…

Lo que no hace si no multiplicar mi idea de que se trata de una película sorprendete de principio a fin.

Published in: on diciembre 5, 2008 at 3:12 pm  Comments (6)  
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Aprender de Hitchcock, Wilder y Allen

Clase magistral

Clase magistral

Tengo libros a los que recurro siempre que necesito lectura de distracción. Libros amenos, que me entretengan sin más en momentos en que quiero evadirme un rato. Son textos imprescindibles en la mesita de noche de cualquiera que ame el cine y quiera aprender o simplemente curiosear en el germen de algunas de las películas más importantes, cómo fue la elaboración de los guiones, anécdotas del rodaje y los actores…

Ya nombré en un post anterior los libros “Conversaciones con Alfred Hitchcock” entrevista realizada por Truffaut cuya primera edición, tal y como la conocemos hoy puesto que hubo una anterior más corta, es de 1974 y “Conversaciones con Billy Wilder” al que entrevista Cameron Crowe con primera edición en el 2000. Ambos libros están siempre al alcance de mi mano para cualquier consulta y ahora he sabido que va a salir, si no lo ha hecho ya, “Conversaciones con Woody Allen” a quién entrevista su biógrafo oficial y no otro director de cine como a los dos anteriores.

Imagino que teniendo como ejemplo las versiones con Wilder y Hitchcock el tipo de entrevista, y por consiguiente el resultado, será el mismo: lectura para disfrutar, consultar y aprender.

Published in: on octubre 9, 2008 at 12:09 pm  Comments (2)  
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Ser finalista

No sé quienes son pero están a tope con mi causa
No sé quienes son pero están a tope con mi causa

Aunque escribo continuamente cualquier cosa que se me ocurra en papelitos, servilletas o trozos de cartón ya no suelo participar en concursos de relatos a los que años ha era tan asídua, entre otras cosas porque tenía mucho tiempo. Ahora, retomada la universidad, considero que pierdo el tiempo si leo otra cosa que no sean libros de texto o si dedico las horas sobrantes del día al entretenimiento. También cuenta el que cuando ganas te da un subidón de la muerte pero en cuanto llevas una temporada sin salir en la lista de los elegidos pues como que ya no apetece tanto molestarse en realizar los pesadísimos envíos de 10 copias y hoja con los datos personales en sobre cerrado. Se te va un pico con la tontería y si no te ves con posibilidades reales terminas por dejarlo.

Pero ser finalista también te pone las pilas así que están obligados a hacértelo saber, sobre todo en el caso que nos ocupa.

Del 2004 al 2006 estuve viviendo en el extranjero y justo acabo de enterarme de que mientras estaba fuera he sido finalista de, al menos, tres certámenes de los que han publicado sendos libros que se venden, no se regalan. Sé que en las bases no ponía nada de que había que renunciar a los derechos de autor por lo que deduzco que, tal vez, me tocaría un poquito de los beneficios que se puedan recaudar. Pero lo cierto es que me conformaría con que me hubieran avisado de que era finalista.

Porque en algunos casos además de participar, da mucho gusto saber que tu esfuerzo es válido, que estás en el buen camino. Que lo estás haciendo bastante bien.

Published in: on septiembre 15, 2008 at 2:11 pm  Dejar un comentario  
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Cosas que creo que voy a hacer

Me apetece alejarme un poco de la pantalla frente a la que trabajo todos los días del año más luego horas y horas de asueto y dedicarme a releer las entrevistas a  Hitchcock y Wilder, revisar a Marguerite Yourcenar, sonreir de nuevos con las mujeres fuertes de Grace Paley… y estudiar algunas asignaturas de Educación Social que me dejé para septiembre.

Puede que me asome de vez en cuando pero no sé con qué frecuencia. Si eso, dejaré alguna nota o contaré alguna historia o denunciaré algún hecho, o comentaré algún tema que me llame la atención.

Gracia por pasaros por aquí.

Published in: on agosto 8, 2008 at 8:05 pm  Dejar un comentario  
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La dedicatoria de Panero

Hace tan poco tiempo que le vi que todavía guardo la impresión que me causó. Escuchando sus poemas en la voz de Ann o Bunbury me parecen aún más crudos. Con la música me emocionan.

Aquí está el libro comprado dedicado de Leopoldo María Panero en la feria de Madrid/08. No se entiende nada pero yo sé lo que quiere decir.

Mi lengua mata
dedicatoria con cariño

dedicatoria con cariño

Mi lengua mata
Published in: on agosto 8, 2008 at 2:19 pm  Dejar un comentario  
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El poeta loco

Leopoldo Maria Panero

Leopoldo, su cigarro y la coca-cola. Amigos para siempre.

Soy una demente Panero desde que vi el documental de Jaime Chavarri, “El desencanto”, cuando estudiaba lenguaje cinematográfico en Madrid. La impresión que me causaron sus protagonistas y su alucinada y triste historia fue tal que, desde entonces, debo declararme fan devota de los hermanos, sobre todo de Leopoldo. Tras este interesante descubrimiento empecé a buscar obras de Juan Luis, Leopoldo María y Michi, el pequeño, al que Nacho Vegas menciona en la canción “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, que es, además, una de esas que te pone una sonrisa en la boca y el buen rollo en el cuerpo. Y si queréis saber de más seguidores de Leopoldo haceros con el CD-Libro de Bunbury, Carlos Ann y otros, en el que podréis encontrar además de sus poemas el documental “Un día con Panero” en la que Bunbury y Ann hablan, contemplan, escuchan y acompañan al poeta loco.

Estuve hace un mes en la Feria del Libro de Madrid. Vi a Ken Follet trajeado firmando cientos de ejemplares dentro de una jaima, contemplé un rato a muchos famosotes cuyos fans esperaban ansiosos de verdad una mirada suya, además de una firmita en un libro que tal vez ni lean. Falta de costumbre, más que nada. Vi a Matilde Asensi dedicando su último best-seller (dicho esto sin la más mínima acritud) y encontré también a Jesús Ferrero, con su imponente imagen, muerto de asco sin un solo admirador enfrente de su mostrador. De repente me topé con el cuerpo semi-tumbado de Leopoldo María Panero detrás de un mostrador, con actitud de dejar pasar el tiempo sin importar lo lento que transcurra. El cigarrro permanentemente en los labios. Ignoraba que cada año sale del psiquiátrico de Las Palmas para meterse en una caseta en Madrid, con una temperatura de 30º a la sombra y expuesto a las miradas y comentarios de muchos que ignoran que, tras esa cabecita enferma, se encuentra el loco más lúcido de la literatura española contemporánea.

Eché a correr hacia él completamente emocionada pero cuando estuve delante de su vista me quedé sin saber qué decirle, cómo expresarle mi admiración y mi respeto. Cogí uno de sus libros de poemas (Mi lengua mata) y le hice ver a mi compañero la necesidad de comprarlo. El librero, muy amable, se lo pasó al escritor al tiempo que me preguntaba los nombres para poner en la dedicatoria. Yo sabía que no sería capaz de juntar dos letras, se le veía absorto en sus cosas, de viaje por su mundo, supongo. Y en eso empezó a hablar pero era tan difícil entenderle… comentó que daba gusto ver que todavía quedaban personas inteligentes. Sonreí divertida por sus palabras, le respondí algo que no recuerdo, él apagó su cigarrillo, le dio un sorbo a la coca-cola número mil de aquella mañana (y sólo eran las once) y, levantándose, le hizo un gesto al librero para que le ayudara a salir de la caseta. “Tengo que mear”, dijo. Y alzó levemente la mano en un gesto de despedida.